Me duelen en los labios
las cosas que nunca te dije,
esdrújulas de cañones recortados.
Me acusaste de ser,
y con razón,
Casandra ominosa
que no olvida jamás,
archivando tus contradicciones
para esgrimirlas mañana
en contrataque.
Aún así me callé tanto…
Y no te dejé equivocarte,
ya me olía el desenlace…
De tanto temerlo,
el augurio se hizo certeza
inexpugnable.
Me duelen en los labios
las cosas que nunca te dije,
mariposas de versos inacabados,
mis sueños en el aire.
