Si tú no fueras tú,
nunca me enfadaría contigo,
ni me dolería echarte de menos.
Tic, tac,
estás y no estás,
dime qué tienes.
La voz se me acaba
en la boca del estómago;
ya no sé qué puentes tender,
cómo sobrevivir sin el sol
que, aún de lejos,
me regala su calor de tanto en tanto.
Apaga la luz
y vámonos.
Tic, tac, tic, tac…
