Siempre vienes a escondidas
susurrando
imposibles y epitafios.
Si hubieses querido,
los ángulos rectos,
los círculos concéntricos,
los cuerpos conexos…
Ahora, el aire
sofocante, estático,
acaricia mis mejillas.
Ya no quedan preguntas,
sino huecos silenciosos.
Pero el arrullo de las olas
me conforta.
Siempre te vas de puntillas,
como un sueño,
eco de pasos de sal
en la memoria.
